Y LA PALABRA SE HIZO IMAGEN…
INTRODUCCIÓN

            El epígrafe que encabeza estas líneas está inspirado en el Evangelio de san Juan cuando, refiriéndose al misterio de la encarnación de Jesús, dice: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros…”.

             Pues bien, cuando aquí proclamamos que la Palabra se hizo imagen, queremos significar que, como si se tratara de una segunda encarnación, pero esta vez  más al modo humano, el cristianismo ha intentado desde sus orígenes y por todos los medios, reproducir, representar, reflejar, en una palabra, encarnar, el mensaje que nos dejó aquella Palabra a través de la pintura, de la escultura, de la música o de la arquitectura.

             La finalidad que persigue el artista de una obra religiosa es, en primer lugar, suscitar en el espectador todo ese mundo de sentimientos y vivencias que de forma inagotable brotan de las páginas del Evangelio (¿quién, por ejemplo, no ha experimentado algún sentimiento de ternura al contemplar la Anunciación de Fray Angélico?, ¿quién no ha sentido algún brote de compasión ante el Cristo de Velázquez o ¿quién en algún momento de su vida no se ha visto reflejado en el hijo pródigo de Rembrandt?).

             Pero junto a lo que pudiéramos denominar sentido místico o vivencial del arte religioso, debemos destacar también su importantísima función pedagógica. Conscientes nuestros antepasados de que el lenguaje de la belleza llega más directamente, no sólo al corazón, sino también a la mente, intentaron que la persona que contemplara la obra captara, comprendiera e, incluso, memorizara el contenido del mensaje bíblico representado en el lienzo en la pared o en la piedra.

             Este aspecto religioso-cultural de las artes plásticas es lo que desde el aula de Formación Religiosa nos sigue interesando también hoy sobremanera. Por eso, mediante las aproximadamente cien obras pictóricas que  a lo largo del curso irán apareciendo en nuestra Web, pretendemos que grabes, conozcas y retengas el mensaje que en ellas se contiene.  

             Por lo que respecta a la formación en otros aspectos más vivenciales de la religión como pueden ser la iniciación en la práctica de los sacramentos, el aprendizaje de ritos, expresiones litúrgicas, devociones, etc., creemos que tienen mejor acomodo en la catequesis que, siendo de asistencia voluntaria y no evaluable, se imparte en nuestro Colegio semanalmente.

             En aquel mismo intento de asociar conocimiento religioso y cultural, estamos preparando otro apartado donde te mostraremos cómo, al igual que en la pintura, nuestros antepasados se esforzaron por encarnar la Palabra en las formas arquitectónicas de las catedrales, iglesias, monasterios, etc. Quizás sea aquí donde mejor se evidencia el esfuerzo de aquellas gentes por integrar la función pedagógica en todo el conjunto del edificio sacro. Recordemos la tan entrañable imagen del sacerdote medieval que, rodeado de sus fieles a la salida de la misa dominical, iba explicando el significado de las mil figuras contenidas en los dinteles, capiteles, gárgolas, etc. De ese modo  aquellos sacerdotes veían facilitado su esfuerzo por hacer comprender los misterios de su fe a aquellas personas en su mayoría analfabetas. Eran los métodos audiovisuales de la época que, todo sea dicho, en viveza y realismo poco tenían que envidiar a los actuales.

             Precisamente, si hay algo que en lo que hemos puesto toda nuestra ilusión,  es en procurar también nosotros, al igual que hicieron nuestros antepasados, integrar esta asignatura en el espacio medioambiental  en que está incardinado nuestro Colegio de Alfonso XII. Esta idea  nos llevará a que, una vez superados los necesarios trámites, intentemos completar todo el material con elementos tomados directamente del Claustro Principal, Sacristía, Salas Capitulares, Museos, Palacios, Biblioteca Real, etc.

             Como no podía ser de otra forma, tomaremos como modelo de templo cristiano nuestra Basílica. No en vano contamos con el enorme privilegio de poder pasar directamente desde el Colegio al interior de uno de los  templos más insignes de la cristiandad con tan sólo traspasar una puerta. Allí podremos comprobar cómo los Palabra del Evangelio se  ha hecho símbolo a través de mil detalles: la orientación y forma de la planta, la trayectoria de la luz, las medidas, el número de columnas, de escalones o gradas, la ubicación del tabernáculo o su caída perpendicular sobre el panteón de los reyes de España, etc. No digamos si alzamos nuestra vista hacia las bóvedas. Pocas escenas encontraremos en los textos bíblicos que no se hallen allí magníficamente representadas por obra de los grandes artistas del renacimiento.

           Nos encontramos, pues, ante un contexto educativo peculiar y, en todo caso, extraordinariamente privilegiado que bajo ningún concepto podemos desaprovechar.

            Al margen  de cada imagen encontrarás un breve cuestionario al que deberás responder consultando el texto evangélico y las explicaciones marginales que en página distinta te ofrecemos. Ni qué decir tiene que a efectos de avaluación concederemos la máxima importancia al conocimiento del contenido bíblico; de lo contrario peligra que nuestras pretensiones queden reducidas a un simple anecdotario o a una superficial recreación para la vista.

            Se completa el proyecto con un apartado de simbología cristiana y con un vocabulario donde podrás aclarar el significado de algunas palabras referentes al tema.